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Esta novela corta, fechada en Moscú-Lvov, junio de 1980, apareció en la colección de cuentos del mismo nombre publicada por la editorial Océano en 1982; posteriormente se ha incluido en las antologías Los mejores cuentos (Anagrama, 2005) e Ícaro (Almadía, 2007). Pitol la integró, con variantes, como el capítulo IV de su novela Juegos florales (1982). Cementerio narra el proceso de escritura de un cuento, escrito 20 años antes, con el mismo título, y el proceso de recordar esta escritura se convierte en la narración de la novela corta que establece tres tiempos distintos que se entretejen en la narración, el de la escritura de la novela que el lector tiene en sus manos (o frente a sí en la pantalla), el del joven que en un café de Roma escribe un cuento, y el de un niño, el escritor mismo, que recordado y reconfigurado vive una serie de episodios en un ingenio azucarero veracruzano; episodios que no corresponden a un solo momento histórico sino a diferentes periodos en que el niño visitaba el ingenio para las vacaciones decembrinas; junto al proceso de recordar se incluye la recuperación de un sueño del escritor que es el germen de la historia que escribe. Esta complejidad estructural corresponde a una poética que Pitol ejerce en muchas de sus obras.[1]

En la novela se recuperan episodios de la infancia del protagonista (niño-joven escritor-escritor viejo que recuerda) en el ingenio veracruzano El Potrero, donde un grupo de personajes vinculados entre sí por la vecindad configuran una pequeña sociedad de gerentes, ingenieros, técnicos, trabajadores e hijos de estos dentro del ingenio, separados por rangos y jerarquías laborales; la perspectiva que el niño impone en el relato da cuenta de las relaciones entre los niños hijos de otros vecinos y de los comerciantes, sus juegos y conflictos, y refleja asimismo las relaciones entre los adultos donde surge un episodio trágico cuando muere la esposa de un ingeniero, Gallardo, vecino que, se sospecha –desde la visión de los niños y a través de las intrigas de uno en particular—, tiene una aventura sexual con la hija de los Compton, Lorenza. El relato se construye desde un episodio onírico del protagonista, donde se involucra al abuelo, un sentimiento de culpa y la muerte de este, para de ahí tratar de reconstruir a un personaje que de pronto, en unas vacaciones de fin de año, conoce la maldad.



[1] Véase Elizabeth Corral, “La experiencia de la escritura: Cementerio de tordos, de Sergio Pitol”, en Gustavo Jiménez Aguirre (coord.),  Una selva tan infinita. La novela corta en México (1872-2011), t. II, México: Universidad Nacional Autónoma de México / Fundación para las letras mexicanas, 2011, pp. 59-72.

Cementerio de tordos

Texto al cuidado
de Américo Luna Rosales
y Guadalupe Martínez Gil

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