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Sí, te quiero. Me lo repito y lo creo, lo siento, pero dímelo tú a mí, repítemelo en cada una de las líneas de tus cartas, tus palabras siempre suenan en mi oído como si fuera la primera vez que las dijeras. Dime que me amas. Muchas veces, dímelo millones de veces.

¿Qué si estoy arrepentida? No. El arrepentimiento debe ser la consecuencia de una falta. ¿De qué puedo yo arrepentirme? Como no sea de la vida entera, de la existencia toda, y eso no me importa. Sí te quiero y no me molesta, “por rectitud”, como tú dices, engañar a mi hermana; no me importa hacerlo y me place a veces. Me encanta que no sepa que existes. Luego me hago la ilusión de que sufre con el engaño y yo gozo, eres más mío, te quiero más.

Apunté tu teléfono. Me lo he aprendido de memoria. Dentro de una semana vendrá mi sobrina Julia a visitarme y haré que me invite a ir con ella. Es mejor que nos encontremos allá. No quiero que tú vengas a conocer esta casa, te pondrías triste.

Si tengo miedo, Juan Antonio: mucho miedo.

Polvos de arroz

Texto al cuidado
de Américo Luna Rosales
y Guadalupe Martínez Gil

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