La novela corta, apunta Cecilia Eudave, es un género que puede compararse a las manos de un cuerpo, esas maestras de la sugerencia, de la insinuación, del placer, que a través de una gesticulación precisa invitan al lector a figurar lo entredicho, la historia atisbada, lo entrañable de unos personajes en tránsito. Una modalidad del relato literario donde gana la concentración por sobre la tensión narrativa: suerte de café cortado, denso y estimulante a la vez.

Los artículos aquí reunidos abordan desde distintas perspectivas esta condición evocativa de la narrativa breve dentro de la tradición literaria mexicana y, al mismo tiempo, indagan en la capacidad del género por condensar y transmitir la experiencia relatada, al punto de convertirla en materia significativa y memorable. En otras palabras, se trata de narraciones cortas pero de larga duración.