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Novelas en tránsito

Esta colección recupera la tradición de la novela corta en una zona desdibujada en las cartografías literarias de América Latina: la frontera sur de México, Centroamérica y el Caribe de lengua española. Con la novedad de este corpus, buscamos propiciar su lectura y estudio, así como el reconocimiento y la diversidad de los vínculos geográficos, históricos, culturales y literarios de estas fronteras, abiertas al tiempo y al espacio.

CARTOGRAFÍA DE LA NOVELA CORTA DEL SURESTE DE MÉXICO, CENTROAMÉRICA Y EL CARIBE DE LENGUA ESPAÑOLA

Prospecto de la colección Novelas en la Frontera

Gustavo Jiménez Aguirre
Verónica Hernández Landa Valencia

Puntos de partida

Después de Ramón Luis Acevedo, La novela centroamericana (Desde el Popol-Vuh hasta los umbrales de la novela actual) (1982), Werner Mackenbach, Alexandra Ortiz Wallner, Valeria Grinberg Pla y Ricardo Roque Baldovinos, entre otros, han continuado el estudio de la narrativa centroamericana de las dos últimas décadas del siglo XX y la primera de esta centuria. Al ubicar sus investigaciones en una región cultural-lingüístico-literaria conformada por Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, estos especialistas problematizan y expanden el carácter nacional de las literaturas de estos países para situarse metodológicamente en un “juego de oscilaciones entre lo local, lo nacional, lo internacional, lo transnacional y los transreal” (Ortiz Wallner 10). Esta investigadora argumenta que las tradiciones literarias de México, Colombia y el Caribe insular “representan formaciones culturales propias”, razón para no incluirlas en su corpus de estudio. En contraste con su posición y, con el propósito de trazar las coordenadas de una cartografía inédita de la novela corta en una amplia región continental e insular de Latinoamérica, consideramos fundamental reconocer los permanentes vínculos geográficos, históricos, políticos y culturales de la frontera sur de México con Centroamérica y el Caribe de lengua española.

Gracias a la fructífera investigación bibliohemerográfica para determinar el corpus de esta colección, cobramos conciencia de la escasez de trabajos críticos e historiográficos sobre el origen compartido, las mutaciones territoriales y el cruce de caminos de escritores, obras, revistas y editoriales entre la frontera sur de México, Centroamérica y el Caribe. No vayamos tan lejos: en la academia mexicana es mínima la atención a los ensayistas arriba citados y a la diversidad de la narrativa centroamericana publicada a partir de los ochenta: “nueva novela, cuento, mini-cuento, mini-ficción, diversas formas de la literatura testimonial, nueva novela histórica, novela negra, novela indigenista, novela urbana, novela ‘femenina’, novela de dictador, novela de folletín, son solamente algunas de las formas de esta creciente pluralidad” (Mackenbach, “Entre política”, web). Una razón del escaso conocimiento en nuestro país de la cantidad y la calidad de dicha narrativa puede explicarse por las políticas de las grandes firmas editoriales europeas que dominan el mercado latinoamericano. Este fenómeno retarda o impide la circulación de autores importantes en todas las latitudes hispánicas. La situación que denunciaba Acevedo en 1982 aumenta, paradójicamente, por la globalización del mercado editorial: “Las ediciones tienen que ser necesariamente muy reducidas y aun contando con la buena aceptación del público lector, existe el problema de la difusión fuera del país […] Este fenómeno produce casos como el de Arévalo Martínez, autor de excelentes novelas que se desconocen fuera de Guatemala” (12).

En efecto, salvo por El hombre que parecía un caballo (UNAM, 2003), las ocho novelas de Rafael Arévalo Martínez no circulan en México, y algunas de sus primeras ediciones sólo se localizan en contadas bibliotecas nacionales. La mejor edición de su narrativa breve, El hombre que parecía un caballo y otros cuentos (1999) se debe a la colección Archivos. Sin ignorar sus múltiples aciertos críticos y editoriales ni fallas evidentes como la cancelación de obras anunciadas en el plan general del proyecto, esta empresa multinacional, coordinada por Amos Segala y apoyado desde 1984 hasta 2003 por instituciones de Argentina, Brasil, Colombia, España, Francia, Italia, México y Portugal, ha visto pasar sus mejores años. Más no es este el espacio para ponderar los resultados de empresas como Archivos; nos interesa, en contraste, destacar el papel protagónico que, en su momento, desempeñó en el intercambio transfronterizo de obras, colaboradores internacionales, producción y distribución multifocal, etc. Dirigidos a públicos no especializados, otros proyectos de menor circulación sostienen el empeño de difundir literatura latinoamericana allende sus fronteras: la Biblioteca Ayacucho, la Biblioteca Americana del FCE y la serie Rayuela de la UNAM, entre las más persistentes.

En tiempos de creciente globalización, una tentativa loable por crear una red de acervos americanos provino de España. Nos referimos a la Biblioteca Americana del Instituto Cervantes. Aquí el usuario puede leer y descargar obras literarias argentinas, brasileñas, cubanas, mexicanas, uruguayas, así como textos históricos y audiovisuales.

Pese a sus limitadas visiones críticas e historiográficas, mínimas noticias textuales y formato elemental, es justo consignar en este breve recuento un esfuerzo no institucional, La prosa modernista, una biblioteca virtual, creada como “punto de encuentro y reunión de la prosa modernista hispanoamericana. La finalidad es promover y acercar, a todos los interesados en conocer más sobre el Modernismo, la producción en prosa narrativa (cuento y novela), prosa ensayística y la ingente producción de artículos periodísticos y crónicas”. Con todo y sus comprensibles limitaciones editoriales, se trata del portal de referencia de estudiantes y público interesados en ese estadio de la modernidad literaria que tanto debe desde sus orígenes en la década de 1870 a Cuba, Centroamérica y México.

Como deja ver este apretado diagnóstico, el estado que guardan la historiografía, los estudios literarios, las condiciones del mercado editorial y los contados espacios digitales en torno a esa zona del mapa hispanoamericano, inveteradamente desdibujada en las cartografías continentales, ofrece la posibilidad de crear colecciones virtuales para fomentar la recuperación, el estudio y la lectura de magníficas tradiciones literarias, entre las que sobresale la narrativa de media distancia. Acorde con la propuesta fundacional de La novela corta: una biblioteca virtual de 2009, los participantes de este proyecto en la UNAM hacen suyo el reto de explorar y difundir en la Red ese vasto territorio de nuestra América continental e insular.

Lugares de encuentro

La interacción cultural y literaria de autores, obras y soportes permite recuperar la propuesta de Humberto Félix Berumen respecto a la comprensión de las fronteras como zonas “de fermentación cultural, de transformaciones permanentes que trascienden los límites políticos” (28). Así, las fronteras devienen en lugares de encuentro, intercambio y traducciones culturales. Con esta comprensión, la vasta zona geográfico-cultural que pretendemos cartografiar puede apreciarse como el espacio de “una forma que no tiene existencia empírica y filosófica si la consideramos separadamente del contenido y, por otro lado, como un contenido que no podría existir sin la forma que lo sustenta” (Santos 21).

Visible desde el corpus de esta colección, la variedad de contactos geográficos, históricos, políticos, culturales y estéticos deja ver las tensiones discursivas y la función mediadora que concentran las fronteras como un paradójico lugar de encuentro e integración conceptual y formal, a través del género narrativo que se difunde y estudia en estas Novelas en la Frontera.

La primera expedición extraterritorial de la novela corta mexicana comienza en esa zona geográfico-cultural que va desde la región sureste de México (Tabasco, Chiapas, Campeche y Yucatán) hasta Panamá, con tres apéndices insulares de lengua española: Cuba, República Dominicana y Puerto Rico. Si en diversos estadios precolombinos el extremo sur de Mesoamérica vio florecer un abigarrado mosaico poblacional, la dominación española confirmó los nexos históricos, sociales y culturales de la región centroamericana que, sin duda, pervivieron mucho más allá del imperialismo hispánico. Estos nexos se han hecho tangibles en distintas narrativas revisadas hasta ahora; por un lado, en las referencias a las tensiones sociales entre el mundo indígena, el criollo y el español, que ejemplifica El cacique de Turmequé, de Gertrudis Gómez de Avellaneda, en una narrativa a caballo entre la leyenda y la novela corta; por otro, en un estilo costumbrista característico de la región, tanto por el tipo de léxico empleado en la pintura constante de paisajes agrestes y formas de habla, predominantemente rurales, como por el peculiar manejo de pausas y elipsis expansivas de la historia. Otro rasgo se advierte en la representación de la psique y el pensamiento de personajes procedentes de los sectores bajos y rurales. Así lo ejemplifican Perico del tabasqueño Arcadio Zentella, El Moto del costarricense Joaquín García Monge y Sangre solar, del dominicano Tulio Manuel Cestero.

Diversos avatares políticos del siglo XIX fragmentaron, recompusieron y finalmente separaron fronteras. Por su posición estratégica en la ruta del Atlántico, Cuba y las islas aledañas fueron la puerta de entrada y de salida del territorio mexicano y centroamericano hacia Europa; por esto mismo se convirtieron en focos de atención y conflicto entre diversos países, en los que participó también la naciente potencia imperialista: Estados Unidos de América. Lo mismo ocurrió con el canal de Panamá por su posición estratégica en el cruce interoceánico. Comprensiblemente, al tráfico de mercaderías se sumaron el de ideas, obras, publicaciones, corrientes artísticas y literarias. El diálogo transfronterizo se hace presente, en el conjunto del corpus reunido para la colección, en ciertas recurrencias temáticas, entre las que destacan: 1) el ser y transitar de una cultura moderna, ejemplificada con la obra de Enrique Gómez Carrillo, Del amor, del dolor y del vicio; 2) El contacto entre culturas latinoamericanas con las costumbres modernas y liberales de Europa y Estados Unidos, temática sobresaliente en El problema de Máximo Soto Hall, con la exhibición de la transculturación de los puertorriqueños bajo la influencia norteamericana, Paisa. Un relato de la emigración, de José Luis González, y Una vida en el cine de Alberto Masferrer, historia en que la libertad adquirida por las mujeres en Europa infunde en la protagonista el deseo de liberarse de sus propias cadenas; 3) El carácter alienante de la propia cultura, que ahoga a sujetos de naturalezas altamente transgresoras para su tiempo, feministas y homosexuales, como los de las obras pioneras de estas representaciones culturales, La muñeca de Carmela Eulate Sanjurjo, notable escritora y erudita puertorriqueña, y El ángel de Sodoma, de Alfonso Hernández Catá; 4) La posible transformación de los procesos biológicos, la cultura, la sociedad y las propias fronteras nacionales, a través del desarrollo de la ciencia, en una de las más logradas novelas de ciencia ficción hispanoamericana, Eugenia (Esbozo de costumbres futuras) de Eduardo Urzaiz, y 5) el flujo transfronterizo de recurrencias temáticas y formales que se advierte en experimentaciones estéticas y en la pluralidad de lenguajes descriptivos de la geografía continental e insular, esbozada en esta apretada síntesis del corpus de veintiséis novelas propuesto inicialmente para la colección.

Cultural y comercialmente, los actuales estados del sureste mexicano estuvieron más vinculados con Cuba y Guatemala que con el centro y la capital del país. Un par de revistas literarias publicadas en el extremo temporal de la investigación de este proyecto —Las Violetas (1869) y Revista de Mérida (1869-1871)— sostuvieron frecuentes intercambios con publicaciones continentales e insulares de la región. Las estancias diplomáticas de escritores en distintas capitales incrementaron el intercambio de obras y tendencias en boga. Federico Gamboa y Efrén Rebolledo reeditaron en Guatemala sus primeras novelas cortas: Del natural (1889) y El enemigo (1901). El panameño Darío Herrera trabajó en El Imparcial de México y colaboró asiduamente en las revistas metropolitanas del país, y en el transcurso del siglo XX, diversos escritores centroamericanos y caribeños escribieron buena parte de su obra en México, tras un complejo proceso de desarraigo y transculturación como el que vive el personaje de Yolanda Oreamuno en De su obscura familia.

En cuanto al ámbito transfronterizo de los soportes periódicos multinacionales, recordemos que Rubén Darío abrió espacio al género vertebral de esta colección en sus parisinas Mundial y Elegancias, donde aparecieron novelas cortas de Nervo, Herrera y Santiago Argüello, entre otros autores recogidos en el corpus. Asimismo, se anticipa que el Repertorio Americano de San José de Costa Rica, La Habana Elegante y El Fígaro de La Habana resulten filones aun más generosos para la colección, en virtud de su vocación hispanoamericana y su apuesta por la modernidad de la narrativa breve y de media distancia.

Si toda investigación es provisional y se circunscribe a circunstancias de financiamiento y metas de producción y divulgación, la realizada para Novelas en la Frontera nos permite adelantar dos cortes historiográficos, delimitados por la temporalidad de escritura y publicación de las obras aquí seleccionadas: 1) un primer ciclo de innovación formal en la novela corta, fechado entre 1877 (año de la última edición de Dolores, autorizada por Gertrudis Gómez de Avellaneda) y 1937 (Poniente de sirenas del guatemalteco Flavio Herrera). A lo largo de esas seis décadas, la concepción del género y sus hábitos de lectura implícitos se modificaron para conformar otro estadio de la modernidad latinoamericana, horizonte que modificará la perspectiva de la historia literaria y cultural, aún explorada de manera fragmentaria, por lo menos desde la perspectiva genérica que nos ocupa, y 2) un segundo periodo, marcado por la continuidad y la ruptura con los cauces temáticos y formales de los autores y obras fundacionales de la geografía de la novela corta transfronteriza. Este segundo corpus, por ahora con menor representación, se advierte ya hacia mediados del siglo XX en Yolanda Oreamuno, José Luis González, Lino Novás Calvo y Rosario Castellanos; autores que bien podrán publicarse en función del acceso a los derechos autorales. Desde luego, cualquier limitación al respecto, se compensará con la recuperación hemerográfica de novelas valiosas, aunque olvidadas en los soportes multinacionales citados.

No obstante las limitaciones pragmáticas de esta investigación, el corpus de veintisiete obras no representa un comienzo sino la estancia provisional y la apertura hacia nuevos horizontes; esperamos que, con los siguientes avances de una segunda serie, suscribamos la convicción con la que Álvarez García concluyó su antología de Noveletas cubanas (1974): “No se podrá nutrir la conciencia de las actuales generaciones si, entre otras empresas de alcance mayor, no penetramos también en el espíritu de los precursores que contribuyeron a forjar nuestro auténtico rostro, o al menos a esbozar en éste enérgicos claroscuros; sin unir los retazos complementarios, sin subrayar las plenitudes de un periodo determinado, sin gozar los momentos lúcidos de ciertas obras menores, sin abarcar, en fin, las dolorosas, las apasionantes sumas y restas de poquedades que trenzan el destino de toda novelística” (11-12).

Novelas en la frontera. Corpus

CUBA

  • Cirilo Villaverde. El guajiro. La Habana: Faro Industrial, 1842
  • Gertrudis Gómez de Avellaneda. El cacique de Turmequé: leyenda americana. Madrid: Imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra, 1871.
  • Alfonso Hernández Catá. El ángel de Sodoma. Madrid: Mundo latino, 1928.
  • Lino Novás Calvo. No sé quién soy. México: Costa-Amic, 1945.

COSTA RICA

  • Joaquín García Monge. El Moto. San José: Imprenta De Alfredo Breñas, 1900.
  • Rogelio Fernández Güell. Lux et umbra: novela filosófica. México: Tipografía Artística, 1911.
  • Roberto Brenes Mésen. Lázaro de Betania. San José: Ediciones del Convivio, 1932.
  • Yolanda Oreamuno. De su obscura familia. México: Revista Mexicana de Cultura, 1951.

EL SALVADOR

  • Alberto Masferrer. Una vida en el cine. San José de Costa Rica: J. García Monge, 1922.
  • Salvador Salazar Arrué. El cristo negro. Leyenda de San Uraco, San Salvador: Biblioteca Cuscatlania, VI, 1926.

GUATEMALA

  • Enrique Gómez Carrillo. Del amor, del dolor y del vicio. París: Editorial La Campaña, 1898.
  • Máximo Soto Hall. El problema. Costa Rica: Taller tipográfico de María viuda de Lines, 1899.
  • Rafael Arévalo Martínez. El hombre que parecía un caballo. Quetzaltenango: Tipografía Arte Nuevo, 1915.
  • Flavio Herrera. Poniente de sirenas. Guatemala: Unión tipográfica Muñoz Plaza y Cia, 1937.

HONDURAS

  • Froilán Turcios. El fantasma blanco. Tegucigalpa: Tipografía Nacional, 1911.
  • Arturo Martínez Galindo. Sombra. Honduras: Imprenta Calderón, 1940.

MÉXICO

  • José Peón Contreras. Veleidosa. México: Imprenta de Francisco Díaz de León 1891.
  • Arcadio Zentella. Perico. 3a ed. Mérida: Imprenta del Gobierno Constitucionalista, 1915.
  • Eduardo Urzaiz. Eugenia. Mérida: Talleres gráficos A. Manzanilla, 1919.
  • Rosario Castellanos. El viudo Román, en Los convidados de agosto. México: Ediciones Era, 1964.

NICARAGUA

  • Santiago Argüello. ¡Pobre La Chon! París: Mundial Magazine, febrero de 1912.
  • Salomón de la Selva. La guerra de Sandino o pueblo desnudo. Managua: Editorial Nueva Nicaragua, 1985.

PANAMÁ

  • Darío Herrera. Intangible, en Horas lejanas. Buenos Aires: Hermanos Coni, 1903.
  • Ricardo Miró. Las noches de Babel, en Diario de Panamá, 1913.

PUERTO RICO

  • Carmela Eulate Sanjurjo. La muñeca. Ponce: Puerto Rico, 1895.
  • José Luis González. Paisa. Un relato de la emigración. México: Los Presentes, 1955.

REPÚBLICA DOMINICANA

  • Tulio Manuel Cestero. Sangre solar. París: Ediciones Literarias. 1911.

Bibliografía citada

ÁLVAREZ GARCÍA, IMELDO (selec. y prol.). Noveletas cubanas. La Habana: Editorial de Arte y Literatura, 1974.
ACEVEDO, RAMÓN LUIS. La novela centroamericana (Desde el Popol-Vuh hasta los umbrales de la novela actual). Colección Mente y Palabra. Río Piedras, Puerto Rico: Universidad de Puerto Rico, 1982.
FÉLIX BERUMEN, HUMBERTO. La frontera en el centro. Ensayos sobre literatura. Mexicali: Universidad Autónoma de Baja California, 2005.
LA PROSA MODERNISTA. www.prosamodernista.com.
MACKENBACH, WERNER. “Entre política, historia y ficción. Tendencias en la narrativa centroamericana a finales del siglo XX”. Istmo. Revista Virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos, 21 (jul-dic 2010).
ORTIZ WALLNER, ALEXANDRA. El arte de ficcionar: la novela contemporánea en Centroamérica. Madrid: Iberoamericana, 2012.
SANTOS, MILTON. La naturaleza del espacio. Barcelona: Ariel, 2000.