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¡Pobre La Chon!
Santiago Argüello
1912

Presentación: Christian Sperling

En el salón de la autopsia las cuchillas no se daban punto de reposo. Aquellos hombres habían abierto al cadáver el pecho, el vientre, todo. En tanto, el rostro de la muerta estaba tranquilo en su demacrada inmovilidad. Y a un lado, sobre un asiento, las ropas blancas en montón; y encima de ellas, enroscada, desteñida por el tiempo, la cintita azul con la medalla pendiente.

Y la efigie de la Virgen contemplaba con sus ojos de madre el cuerpo destrozado de María de la Concepción.




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