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CONFESIONES DE UN PIANISTA
JUSTO SIERRA
1872

Presentación: Christian Sperling
Edición y notas: Karla Ximena Salinas Gallegos

El brillante marfil del piano me fascinaba, me parecía una faja luminosa en la que se movían siluetas fantásticas, creaciones sin duda de mi cerebro exaltado. Mi boca estaba seca y mis manos heladas.

No pude resistir. Dejeme caer sobre el taburete de pajilla, y preludié maquinalmente el Quinto nocturno de Leybach.

Cerré los ojos, porque en el teclado, como si se reflejaran en un espejo, me parecía ver un enjambre de sombras, moviéndose a compás en derredor de mi cabeza.

En el fondo de mi inteligencia se despertaba una vaga intuición de mi estado anormal y, sin darme cuenta de él precisamente, sentía una especie de terror de volverme loco.




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